domingo, 14 de abril de 2013

Queen Bee

Erise bajó las escaleras con desgana. Aún estaba cansada y los brazos le pesaban como el plomo, pero era difícil conciliar el sueño con los gritos de Claudia dos octavas más altas que de costumbre -y ya era decir-. Odiaba que la gente la molestara cuando dormía. Era su santuario. El único momento en el que no tenía que 'ser' nada. Que no tenía que ponerse una máscara para encajar, o para protegerse de los demás. Allí era libre, y fuerte. Se frotó los ojos con el puño y se dispuso a poner su peor cara.

- ¡¿Te quieres callar de una vez?! Algunos intentamos dormir. - Y allí estaba Claudia, junto a la puerta del salón, dándole la espalda. Parecía como si no supiera que ella estaba ahí.- ¿Me has oído? ¿Claudia?
- ¡Estoy harta de tus comentarios! ¡De tus juegos! ¡De la maldita manía que tienes de meterte en mi vida! - Erise se quedó paralizada. No era propio de Claudia enfadarse así. Ni siquiera con el imbécil de Hugo. Ella era más bien la dulzura y la paciencia de aquella casa llena de locos. El amor. - Tú no sabes lo que es querer. Así que no me des lecciones de vida.
- ¿Y tú sí? Dime, ¿Qué debería hacer? ¿Esperar junto al balcón por 'mi príncipito' enamorado? - Dijo Isabelle con voz cantarina. Claudia tragó saliva. Le temblaban las manos. El olor a vodka delataba la causa del conflicto. - ¿Acaso crees que él haría lo mismo por ti? Como ya he dicho, eres pa-té-ti-ca.

Erise se puso al lado de Claudia y miró Isabelle con severidad. Apestaba a minibar barato.
- ¿Y tú qué sabes lo que haría Hugo? Ni siquiera te interesabas por él cuando vivía aquí. No eres más que una niñata amargada cuyo pasatiempo favorito es destrozar a los demás. Me das asco. - La dureza de su voz le quemaba la piel. - Si tienes tiempo para emborracharte, tienes tiempo para buscarte una vida propia. - Cogió de la mano a Claudia y tiró de ella.
- Claro que lo sé, ¿Con quién crees que he pasado la noche? - Hizo una mueca de disgusto. Tenía la belleza de una serpiente de cascabel, y para su desgracia, también destilaba veneno. - Con ojitos verdes. No sabes como se estremecía cuando-.

Y antes de que Erise pudiera moverse Claudia ya le había cruzado la cara. Isabelle esbozó una sonrisa de satisfacción.
- Tienes suerte de estar embarazada. Zorra.

2 comentarios:

Secret dijo...

Tus entradas me roban las palabras, básicamente no sé que decir o comentar...

Lo último si que me ha dejado tocado.. Y bueno, suponiendo que el padre fuese Hugo... uff... muerto me ha dejado esta entrada..

PD: Me encanta el título

Marie dijo...

"Tenía la belleza de una serpiente de cascabel, y para su desgracia, también destilaba veneno". Sólo puedo decir: WOW.